02 agosto 2015

Yo te escribí unas cartas

Fuente de ilustración: Fundación La Fuente
Un año, un año ya ha pasado. Un año de la repentina muerte de uno de los expertos y amantes de la Literatura Infantil y Juvenil que nos pilló a todos, todos, todos -porque nadie quedaba indiferente a su energía, su presencia, su solidaridad, sus queques o kuchenes de manzana en las mañanas de capacitación en la biblioteca- desprevenidos y desolados. Un año. Pero la pena no tiene calendario.

Mi último y pequeñito libro lo publiqué en su memoria. Algo, algo mínimo sentí que debía hacer para alguien que, en las conversaciones al borde de las capacitaciones, "siempre le tuvo fe a mis palabras". Ahora quiero compartir con ustedes dos textos de Cartas desde el sanatorio que fueron escritos para él, de manera muy atrevida, ya que me robé un poquito de su existencia para hacerlo un personaje y ficcionarlo. Algunos escritores tenemos ese descaro.

Y con esto recuerdo las palabras de Marcelo Mellado hace unos meses, cuando anunció la muerte de su hijo por Facebook: "Mi hijo se fue al territorio de la ficción definitiva".

Con toda mi pena viva de ayer y ahora, sin importar el número 9 del Decálogo del perfecto cuentista de Quiroga, acá van.

1
En el sanatorio que estás, Flaco, las siluetas de Gorey sonríen tras las ventanas esperando que entres en sus páginas amarillas. Yo no tengo ideas si las ves, pero me gusta imaginarte cagado de la risa con ellas. Y me gusta imaginar a tu Alicia cerrando las cortinas y dibujándose a ella misma a la manera de Tenniel por todas las paredes para que no te olvides de sus aventuras en este lado del espejo. No sé si todo esto ocurre, amigo mío, no te puedo ver y mucho me temo que todo tu mundo tenga olor a desinfectante hospitalario y que nadie le haya dicho aún a tu pequeño hijo que te vas a morir.

2
En la consulta médica soy una niña de seis años. Escucho la conversación homofóbica de dos agentes de fármacos (o visitadores médicos). Primero hablan de estrategias de ventas, luego de trencitos sexuales con un tercero que no está presente. No entiendo nada, salvo la parte de los miligramos. Flaco, te estás muriendo de cáncer al otro lado de la ciudad y yo vengo a llorarle mi pena negra a una doctora viejita que camina con andador. Estoy en el mall de la salud de clase media y todo sigue siendo tan absurdo como en el sanatorio. Agonizas en un lugar pulcro lleno de morfina y yo vengo a pedir clonazepam para aguantarte agonizar a lo lejos porque no puedo verte, no me dejan, tu cuerpo está vencido, el mío gordo y somos dos puntos en el espacio negro donde el sentido de la vida está totalmente perdido o, por lo menos, errado.
¿Qué estarás buscando Flaco, mientras?
¿Un animal nuevo en el Animalario Universal de profesor Revillod?
¿Al misterioso y jodido señor Burdick?
¿O estará ahuyentando a las parcas del brazo de tu Alicia en un país de maravillas a punto de extinguirse?

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